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Vista con Título | Refiere un Amigo |
-- ¿Es a mí? --
Publicado en:12 Febrero 2020 1:38 am
Última actualización en:17 Febrero 2020 4:33 pm
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-- ¿Es a mí? --

Brillante, radiante, como no vas a llamar mi atención, como no voy a querer pensar que te diriges a mí entre toda la masa. Aunque me sienta invisible, aunque parezca uno más en la masa, el deseo de captar tu atención hace que me haga receptor de tu llamada quienquiera que fuera el destinatario.

Una llamada que como un fuero real me de derechos imposibles para otros.
Que otorgue a mis manos el privilegio de ser las que te desnuden, las que te despojen de tu ropa y entregarme tu intimidad, y a mis ojos el de la visión de tu cuerpo, a mis labios el sabor de tu piel.
Para que permitas a mis dedos posarse sobre tu piel, sentir su suavidad, la quebrada sensación del incipiente vello, o la transición a la rugosidad de los pezones erizados al recorrer tus pechos. Dejar a mis manos medir la voluptuosidad de tu cuerpo, piernas, caderas, nalgas, vientre, pechos, dando forma al espacio que forman mis manos para las que se ha roto la veda de recorrer tu cuerpo, coto de caza de sensaciones, y terra ignota para el cartógrafo curioso por cada mínimo detalle.
Sentir que mis dedos, después de un leve roce, se impregnan del calor y humedad de tu pubis, de su aroma y fragancia, y llevarlos a mis labios, y de ahí a tus labios...

Que tu mano anfitriona sea notario del efecto que tus ojos adivinan provoca esta llamada y los privilegios otorgados. Dando fe de la perdida de plasticidad y creciente turgencia que anida en mi entrepierna. Que la tome, la hagas tuya, y me arrastres donde mi deseo hace rato que me llama. Y sea en una noche infinita, hasta un amanecer que no quiera llegar en que se mezclen sensaciones, caricias, fluidos, que se enreden las piernas y se anuden los brazos, que se suelden las bocas y se acoplen y engarcen los cuerpos plenos de deseo.

- ¿Es a mi?
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-- Sweet dreams? --
Publicado en:29 Enero 2020 3:28 pm
Última actualización en:30 Enero 2020 3:08 am
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-- Sweet dreams? --

Helada mañana de Enero. Acurrucado bajo la sabana noto como el invierno se cuela Dios sabe por donde y el frío me golpea la cara, no es para tanto, me digo, pero hiela hasta las ideas. Será la soledad. Como si fueran microscópicas agujas de hielo deslizándose sobre la nariz, cruzando el ceño que se frunce infructuosamente tratando de cerrarles el paso, y desde ahí buscan desperdigarse por el resto del cuerpo. Acurrucarse y enrollarse sobre uno mismo no sirve, solo le abre el paso al frío allá donde todavía estaba vedado. Me giro para darle la espalda y cerrarle el paso con ese gesto que lo quiere negar e ignorar. Abro los ojos antes de que el frío los congele y no me deje volver a abrirlos.

Sigo la trayectoria de un tenue rayo de sol que como en un cuadro se cuela por una rendija de la ventana y me lleva hasta tu rostro que descansa sobre la almohada. Abro más los ojos para cerciorarme que los sentidos no se engañan fruto del deseo y me muestren la cruda realidad. Pero sí, es tu cara, todavía con los ojos cerrados y un gesto relajado transmite una paz que se diría infinita, la que redescubren mis ojos abiertos.

Me acerco un poco más hasta ti buscando romper esa barrera invisible de hielo que me tenía atrapado, el calor de tu cuerpo se difunde y desvanece el invierno bajo las sábanas. Mi mano se estira, se despereza y busca bajo la sabana hasta encontrar tu mano, que inmediatamente se cierra sobre la mía. Te miro fijamente, con detenimiento buscando un gesto, pero tus parpados siguen inmóviles. Sin embargo tu mano arrastra mi mano sobre tu cuerpo desnudo en una larga caricia desde el vientre hasta tu pecho, y la sigue guiando, y la oprime sobre tu pecho, que al tacto de mi mano parece querer erguirse solo. Sólo entonces entreabres los parpados y esbozas una sonrisa mientras te giras hasta quedar frente a mi. "Tuve un sueño", me susurras. Tu pierna se encarama y enreda sobre la mía, y ahora guías mi mano entre tus piernas que se queda cautiva al sentir tu sexo húmedo...
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-- Tremenda --
Publicado en:25 Enero 2020 11:50 am
Última actualización en:16 Febrero 2020 5:43 pm
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-- Tremenda --
Te vas quitando la ropa y tu piel, hasta ese momento protegida, despierta se vuelve de nuevo sensible al tacto intermitente de tus manos que se deslizan a lo largo de tu cuerpo despojandote de cada prenda.

Hoy te sientes especialmente sensible, y cuando estas casi completamente desnuda compruebas parada frente al espejo como tus pezones se aprietan sobre sí mismo e incluso pareciera que tiraran hacia arriba de los pechos que se muestran tersos y turgentes. Eres capaz de ver como tu piel se eriza ligeramente al sentirse acariciada por el roce de tus uñas o las yemas de tus dedos. Sientes la necesidad de unas manos sobre tu cuerpo. Con un gesto rapido te recoges el pelo y después tus manos rodean tu cuello. Siguen su camino y se deslizan por tu pecho, se amoldan a la redondez de tus tetas, las acarician, las sopesan, las oprimen entre sí pellizcando con dos dedos los pezones que endurecidos no se dejan deformar. Cierras los ojos y sientes que son otras las manos a las que dejas abusar con placer de tus pechos. Una de tus manos baja acariciando tu vientre hasta toparse con las braguitas, la única prenda que queda sobre tu piel, y se desliza bajo ellas, suavemente, primero dos dedos hasta que toda la mano se encarama y recubre el monte de Venus buscando el centro del universo de tu placer (con permiso de tu mente). Entreabres las piernas dejando vía libre a la mano que se escabulle entre tus piernas, y la tela de la braguita se deforma en el libidinoso deambular de la mano. Te miras de reojo en el espejo y vuelves a cerrar los ojos cuando llevas tú otra mano a la espalda y como el explorador perdido se escurre entre tus nalgas buscado encontrarse con la otra mano al final de su camino.
Se agita tu respiración, unas gotitas de sudor rezuman sobre tu labio superior, y a pesar de que tu boca se aprieta con fuerza no puede evitar que un gemido escape de tus labios. Se retuerce tu cuerpo mientras tus manos escarban en el pozo del placer y sientes una palpitación que se irradia por tus venas recorriendo brazos y piernas hasta alcanzar tus dedos, sube por tu espina dorsal hasta penetrar en mente, hasta provocar un estallido que se derrama entre tus dedos.

Abres los ojos sorprendida cuando otras manos se posan sobre tus pechos y mi voz susurra en tu oído derecho: "¿Necesitas ayuda?", y cuando se cruzan nuestras miradas en el espejo contestas: "Te necesito dentro, ahora mismo".
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-- Visión --
Publicado en:15 Enero 2020 9:54 am
Última actualización en:16 Febrero 2020 5:43 pm
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-- Visión --

¡Qué visión! He entrada en tu dormitorio y te he encontrado sentada sobre tu cama en posición de meditación, sentada con las piernas entrecruzadas y los ojos cerrados. Aunque tu rostro ahora relajado parece indicar otra cosa, el cabello todavía húmedo y ligeramente desordenado cayendo sobre tus hombros desnudos te delata. Has debido tener un día, si no largo, al menos pesado que solo podías reparar con un baño purificador. Solo con despojarte de toda la ropa y dejar correr el agua por tu cuerpo desnudo, sentir cada gota deslizarse por tu piel arrastrando un "nosequé" invisible es como un elixir mágico, un reconstituyente del alma y el espíritu.

Ahora, limpio y recuperado, en la penumbra refulge como una luciérnaga en la noche, irradia serenidad, hermosura, una luz interior. Me quedo en silencio, sin perturbar tu paz, deleitándome con esta visión y exploró tu cuerpo desnudo, así como estás sentada completamente desnuda ofreciendo tu belleza al natural. Tus rostro, sereno, en el que destacan tus labios solo perturbables por un dulce beso. Tus pechos por los que todavía resbalan algunas gotas que escurren desde tu cabello , encerrados entre tus brazos, se acomodan entre sí dibujando el profundo y hermoso valle que tanto me deleita, y resaltando sobre su volumen me sorprenden tus pezoncitos oscuros y erizados. ¿Algo pasa por tu mente? Tu cuerpo reposa con placidez sobre tus caderas a su libre albedrío mientras tus piernas que se entrecruzan acogen a tus brazos como la estatua de un buda. Y entre tus piernas tu pubis resalta como la única flor en el invierno de un jardín, delicadamente rasurado para la ocasión, refulgente en su tersura. Con la capacidad de atracción de un agujero negro, y sin embargo brillante, luminoso. Y entre los labios se aprecia el brillo de unas gotas que fluyen y se derraman. Algo pasa por tu mente.

Cuando abres tus ojos alertada por la sensación de una presencia cercana, mis labios se pegan a los tuyos y mis manos rompen la barrera invisible que protegía tu calma y sienten el tacto de tu piel, sobre tu cuello, sobre tus pechos, sobre tus piernas, entre tus piernas...
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-- Amanece --
Publicado en:16 Deciembre 2019 4:01 am
Última actualización en:16 Febrero 2020 5:43 pm
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-- Amanece --

Amanece.
Despacio aunque con urgencia, un tanto torpe, me levanto en la penumbra y me dirijo a tientas hasta el baño evitando hacer ruido y mover las sábanas.
Cuando regreso el amanecer se cuela por la ventana, y baña con su luz la cama. Y sobre la cama, apartadas a un lado las sábanas, yace tu cuerpo desnudo refulgiendo bajo esos rayos de sol que allanan el dormitorio y buscan profanar tu cuerpo. Los ojos cerrados pero en tus labios, que todavía conservan parte del rojo intenso que los vestía anoche, una sonrisa ilumina tu rostro.

Me detengo en el umbral de la puerta para disfrutar de esta visión inesperada, a contemplarte, recorrer con mi mirada tu cuerpo como lo harían mis manos, como desean mis labios. La redondez de tus pechos que unos horas antes amasaba entre mis manos, tus pezones ligeramente oscurecidos contrastando con la palidez de tu piel y que mientras anochecía saboreaba erizados entre mis labios y los sentía enardecerse aun más. Y al igual que las yemas de mis dedos recorrían anoche tu vientre en su ruta descubridora, mis ojos dibujan círculos alrededor de tu ombligo antes de perderse entre tus piernas

Y mi cuerpo se despierta con este amanecer, con la contemplación de tu cuerpo, y reacciona excitado al pensamiento de deseo que inunda mi mente. Me acerco hasta la cama y me acomodo a tu lado, sintiendo el tacto de tu piel.
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-- Seducción --
Publicado en:16 Deciembre 2019 3:58 am
Última actualización en:16 Febrero 2020 5:44 pm
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-- Seducción --

Impaciente, estaba revisando en mi teléfono si tenía algún mensaje tuyo y no te he visto llegar, y de pronto al levantar la cara te he visto. La melena suelta cayendo sobre tus hombros, tu mirada, a la vez dulce e intensa, que inmediatamente has dejado caer sobre mí, y tu cara iluminada por una pícara sonrisa. Sólo podías ser tú.
Todavía no nos habíamos conocido en persona y habíamos preferido mantener la sorpresa final de descubrirnos las caras, a pesar de haber intercambiado casi medio centenar de fotos además de las que tu publicabas regularmente en tu blog, pero indudablemente aquella mujer que veía llegar sólo podías ser tu. Como te diré más tarde, con una apariencia más joven que tu ya confesada edad, el conjunto que has elegido para esta misteriosa cita no hace sino resaltar aún más tu figura, sensualidad y belleza natural. De color azul rey, elegante, no sencillo sino sobrio con un toque justo de sofisticación. La falda muy ceñida a la cintura, sin oprimir, se ajusta a tus caderas delineando tu silueta por encima de la rodilla.

Los zapatos de tacón alto, sin adornos pero sublimes en la sencillez de su forma, que aun sujetándolo con firmeza parecen dejar el pie casi al desnudo, y alargan y embellecen tus piernas que cubres con unas ligeras medias red. Cuando tomes asiento y cruces las piernas, una sugerente abertura en el lateral de tu falda me descubrirá que sujetas las medias a mitad de muslo con un liguero. El día soleado ha hecho subir la temperatura y traes la chaqueta recargada en tu brazo, destacando tu blusa entallada. Una blusa sin mangas, blanca inmaculada, de cuello en uve con el último botón suelto para contener el arranque del largo valle del escote que forman tus pechos, que seguro ha cautivado miradas desde que salieras de tu casa. Sólo verte aparecer ha provocado que mi pulso se acelere y casi puedo sentir el torrente acelerado de sangre recorriendo mi cuerpo, mis mejillas enrojeciéndose e incluso que un testigo incomodo haya comenzando a brotar bajo mi pantalón.

Yo, como me comprometí para que no hubiera dudas, he venido con un traje claro, corbata de lazo, y mi sombrero panamá de color tostado y cinta café que ahora descansa sobre la mesa. Algo habitual en mí. Seguro que también atrayendo alguna mirada aunque en mi caso probablemente por lo poco usual o extravagante del atuendo con toques decimonónicos.

Para superar mi timidez, mi estado de excitación y no parecer embobado, arranco una conversación en modo automático, con coherencia aunque algo insustancial y sin almacenar resultados, y probablemente hablo demasiado sin ser consciente de ello, porque mis sentidos están atrapados por tu presencia, y tratando de captar toda tu esencia que me tiene atrapado.

Y tu, que has venido a seducirme, si me preguntaras en este instante te confesaría que ya lo has logrado, pero me guardas un par de sorpresas antes de que nos retiremos. En un momento, te disculpas y te ausentas un momento, "al tocador" me dices con discreción y elegancia, "pero no te escapes" terminas, alargando una mano y acariciando mi barba. Sigo con la mirada tu cuerpo contonearse mientras te alejas, y me quedo mirando el mismo punto por el que desapareces esperando verte reaparecer y regresar con el mismo cimbrear de caderas.

Al regresar caminas con más lentitud, voluptuosa, recreándote en tu movimiento, y descubro que deliberadamente has dejado abiertos más botones de lo exigido por la castidad para destacar el largo valle del escote que forman tus pechos, y te sonríes y me sonríes, al ver mis ojos perderse en la profundidad de ese valle, en la rotundidad de tus pechos apretados entre sí. Cuando llegas a la mesa no te sientas en tu silla, sino que sigues hasta mi y te agachas para susurrarme algo al oído, regalando a mis ojos el movimiento pendulante de tus pechos gravitando al inclinarte hacia mi. "Abre la mano", me susurras. Nada más abrirla, con tus manos deja algo en la mía, y la cierras con rapidez. "Es un regalo. Solo para tí" , me dices. Y ahora sí vuelves a tu silla y te quedas mirándome, mordiendo una uña entre tus dientes a la espera de mi reacción. Todavía en mi regazo, entreabro la mano y descubro un pedazo de tela con encaje. La cierro, y la llevo hasta mi nariz, donde la vuelvo a entreabrir e inspiro profundamente. Tu aroma más íntimo, tu aroma más tuyo, me inunda por dentro y una ola de deseo rompe contra mi mente como un tsunami.

"Alguno de mis sentidos está celosos", te digo. Sonríes ligeramente, y sin quitar el dedo de tu boca, contestas con una pregunta: "¿Celosos de quién, de qué?". Mi oído se han encandilado con el susurro de tu voz, mis ojos están fascinados con tanta sensualidad, mi olfato se acaba de quedar prendado de tí" contesté, "Me vas a tener que dejar probar el manjar que se oculta tras este aroma, y mis manos ya sueñan con el roce de tu piel" Soltando tu dedo, lo dejas resbalar por tu pecho hasta engancharse con el borde de la blusa, y estiras la tela descubriendo aun más uno de tus pechos, bajando la mirada contestas: "¿Esta piel? ¿Y cómo la rozarías?". "Esa, y la que todavía esconde, con los labios, suavemente, con mi lengua, con las yemas de mis dedos, y con toda la mano.." En ese momento tu mano se abre, y agarra y aprieta el pecho por encima de la blusa: "así, ¿quizás?" me susurras. "era rozando la piel" te recuerdo, "sería por debajo de la blusa". Cruzando por encima del escote deslizas la mano acariciándote hasta agarrar el otro pecho por debajo de la blusa. "¿Ahora mejor?" susurras de nuevo. "se va pareciendo", te respondo, "pero quizás quieras que te muestre como exactamente, y si te gusta podemos seguir luego con el sentido del gusto". Con la conversación subiendo de tono tus mejillas se enrojecían, y yo sentía la sangre acelerarse en mi cuerpo. "¿Ahorita mismo?" dijiste con tono pícaro. "Cuando me des tu permiso" replique con rapidez y ansiedad por tu permiso, pero sin perder cortesía y respeto. A lo que respondiste con un gesto al mesero para que trajera la cuenta. En menos de dos minutos había saldado la cuenta y caminábamos rumbo a tu coche. Llevaba mi mano izquierda en el bolsillo apretando tu regalo en mi mano, y tu ibas cogida de mi brazo derecho que te había ofrecido gentilmente como un caballero antiguo, apretando tu cuerpo contra el mío.

Subimos a tu coche, donde al sentarte tu falda se remanga ligeramente mostrando tus muslos hasta el encaje de las medias, y la raja de tu falda descubre la pierna hasta el liguero. Pura lujuria y seducción para mis ojos al entrar en el coche que no pierden detalle y recorren la visión de tus piernas desde los tobillos hasta la frontera marcada por tu falda, y tus movimientos al acomodarte en el asiento. Se sumergen en el valle de tu escote, más voluptuoso si cabe desde el ángulo elevado, y después buscan tu mirada.
- ¿Te vas a quedar mirando toda la tarde? - me dices cruzando con mi mirada la tuya - se me ocurren mejores planes que ser la víctima de un voyeur.
- Discúlpame, no he podido evitarlo, no siempre se tiene la oportunidad de una vista tan hermosa y sensual - contesto atropellando mis propias palabras. Y sin más palabras me introduzco en el coche y me acomodo en el asiento del copiloto de medio lado para seguir mirándote.
- Si solo te quieres quedar con el comienzo, está bien - replicas con picardía, mientras tomas mi mano y la llevas a tu pecho - pero creí que habías dicho algo de seguir por aquí.
Mi mano se agarra a tu pecho y se desliza por debajo de tu vestido y sujetador hasta abarcarlo por completo. El dedo pulgar encajado en el valle de tu escote, entre los dos pechos, y el resto de la mano conformando tu pecho izquierdo, como si pudiera darle una imposible forma más perfecta, sintiendo como se adapta a la presión de mi mano, su peso, su volumen, y el cambio de textura del pezoncito y la areola que siento ya excitados. Cierras los ojos y entre tus labios escapa una mezcla de suspiro y gemido mientras dejas que mi mano juguetee bajo tu ropa, y consientes que abuse de tu pecho y por primera vez sienta el calor de tu cuerpo en mi mano. Acerco mis labios a tu cuello y cuando sientes el beso en tu piel, te estremeces ligeramente.
- Se siente delicioso, pero me vas a tener que soltar para que pueda manejar sin que nos detenga una patrulla - dices abriendo los ojos y deteniendo por un momento la magia del instante
- Pondré cara de poker para disimular mi excitación - contesto mientras recobro la compostura y cubro con mis manos un creciente bulto en la entrepierna de mi pantalón.
Durante el trayecto no nos decimos nada y solo se escucha la música de tu radio, aunque no dejamos de cruzar las miradas y has dejado que mi mano viaje sobre tu pierna abrazada como un náufrago a la única tabla que será su salvación. Después de estacionar el vehículo en tu casa, a salvo de miradas indiscretas, y tras detener el motor te has girado hacia mí y deslizando un dedo por tu escote me dices: "¿vas a querer más?". Pero antes de que conteste, apagas mis labios con ese mismo dedo y bajas del coche, caminando sin esperarme hacía la puerta. Y antes de bajar, deleito la mirada con el seductor cimbrear de tu cuerpo al compás de sonido de tus tacones.

Te sigo con la mirada hasta que desapareces tras el umbral de la puerta que dejas abierta para mi, y al desvanecerte tras la sombra de la puerta bajo del coche y salgo en tu busca, sin todavía comprender como no he salido junto a ti. Apenas cruzo la puerta mis pies se enredan con algo, y al agacharme y recoger descubro que es tu falda, lo que impulsa aún más mi deseo por encontrarte de nuevo.

"Cierra cuando entres, y pasa", escucho que dices desde algún lugar al fondo del pasillo. Cierro la puerta, y con la falda en la mano camino por el pasillo hasta una puerta abierta guiado por el ligero taconeo mientras te mueves por la habitación. Cuando entro te veo de espaldas quitándote la blusa blanca, que se desliza por tu espalda hasta caer al suelo destacando la palidez de tus nalgas en contraste con el liguero y las medias que las enmarcan. Me acerco hasta ti, poso mis manos en tus caderas y dibujo la redondez de tus nalgas con mis manos y me arrodillo para depositar mis labios en tu cadera, bordeando la línea del liguero, y bajo por el meridiano que bordeando tus nalgas llega hasta el broche que sujeta las medias, sintiendo el calor de tu piel en mis labios, mientras mis manos recorren tus piernas, hasta los tobillos, y las tornean como el alfarero hace con el barro virgen.

Te giras entonces sobre ti misma hasta dejar tu pubis frente a mi cara, y acaricias mi cabeza con tus manos invitándome suavemente a pegarme a ti. La fragancia que sentí cuando me regalaste tus braguitas, tu fragancia más intima, ahora más intensa y profunda me envuelve de nuevo, y mientras hundo mi rostro entre tus piernas cautivado por la fragancia y el sabor de tu dulce néctar, mis manos suben y regresan hasta tus caderas, y se aferran a tus nalgas, las aprietan con pasión. Sientes mi boca, mi lengua, deslizándose entre tus labios, saboreándote, empapando mi barba de tus jugos más sagrados y tu cuerpo palpita al contacto de mi boca, y un escalofrío recorre tu espalda hasta clavarse en tu mente.

Con un leve gesto me invitas a incorporarme, y mientras con una mano buscas desabrochar mi camisa, la otra en mi entrepierna calibra el grado de excitación extrema que has provocado en mi. Tras desprenderme de la camisa, mis manos se deslizan sobre tus hombros y apartan los tirantes, y de ahí a tus pechos dejándolos libres.

Mis manos los acarician, se encaprichan de su volumen y su forma que se adapta a mis manos. Los amaso con pasión y excitación, y siento tus pezones erizándose entre mis dedos, al contacto de mis labios, de mi boca, mientras la fragancia de tu piel me inunda. Entonces tus dos manos en mi cintura nos equilibran a los dos, desabrochan el cinturón, abren el cierre, buscan y liberan mi gran erección, que tomas entre tus manos y acaricias mi sexo excitado por ti. Después empujan pantalón y boxer hacia los pies hasta dejarme desnudo.

Empujo tus caderas para hacerte girar hasta darte la vuelta, y te veo reflejada en el cristal de una ventana. Me deleito contemplando por un momento tu silueta, tus nalgas enmarcadas por el liguero y las medias, y me acerco más a ti. Mis labios sobre tu cuello, y mis manos desde tu cintura bordean la frontera entre tu piel y el liguero hasta alcanzar tu vientre y lo acarician en caprichosos círculos hasta topar con tus pechos que estaban deseando ser el centro de atención de mis manos otra vez. Y mientras mis manos se embriagan con tus pechos, me pego a ti, sientes mi pecho pegado a tu espalda y mi erección entre tus nalgas. Entreabres las piernas y a tientas tus manos empujan mi polla hasta perderse entre tus piernas y acariciar los labios de tu coñito excitado, entonces comienzas a menear levemente tus caderas y en el vaivén tus labios húmedos se entreabren cuando siente la erección deslizándose y abriéndose paso entre ellos.
Te acompaño en el movimiento, y mis manos se agarran a tus caderas, a tus piernas para acompasarnos y hacerlo más intenso.
- Quiero sentirla toda - me dices, mientras te escapas hacia la cama - dentro de mi - y de rodillas hundes tu cara sobre la almohada arqueado el cuerpo, y me ofreces una increíble visión de tu culo en pompa y tu coño abierto. Sin decir nada te sigo, me acerco a ti por detrás, mis manos acarician tus piernas subiendo desde los tobillos, recorriendo los muslos, hasta cambiar el tacto de las medias por tu piel. Un leve gemido, como un suspiro, escapa de tu boca cuando sientes tus labios abriéndose con mi polla penetrándote muy despacio. Y yo siento el calor de tu cuerpo recibiéndome, la humedad de tus jugos mientras me deslizo dentro de ti. Mis manos buscan tus caderas, tus nalgas, y soy yo ahora el que inicia un movimiento de vaivén, y sientes como entro y salgo dentro de ti.
Tus pechos a merced de la gravedad pendulean sintiendo el roce contra las sabanas de los pezones enardecidos. En cada embestida, te sientes llenar, te sientes acariciada en tu interior, y como un relámpago se inflama tu clítoris y una ola recorre tu espalda hasta golpear en tu cabeza. Tu respiración se acelera, tu piel se eriza, un jadeo, un gemido constante llega hasta mis oídos, y tu cuerpo que se retuerce y pega tus nalgas contra mi transpira pasión por sus poros, hasta que una electrizante pulsión entrecorta tu voz, y hace temblar tu cuerpo, te inyecta una onda de placer que viene y va a lo largo de tu cuerpo. Un placer contagioso que obliga a mis manos a retorcerse en tu cuerpo cuando un rayo similar recorre mi cuerpo, lo hace golpearse contra tus nalgas con más energía, y sentir indescriptibles sensaciones hasta vaciarse dentro de ti.

Extasiados nos dejamos caer sobre el lecho, los cuerpos sudorosos, jadeantes todavía, la piel erizada, los mezcla de fluidos que se abre paso y se derrama y escurre por tu pierna. Tu pecho agitado que entrecorta tu respiración y todavía deja escapar un suspiro, un gemido, aquí y allá. Tu mano busca tu pecho para sentir el intenso latido de tu acelerado corazón, pero antes se topa con tus pechos, los acaricias, los sientes apretados, sensibles, coronados por tus pezones que se muestran prietos y apretados sobre sí mismos.

Me das la espalda, y ligeramente separado de ti contemplo fascinado la redondez de tus nalgas, tus caderas, tus piernas todavía embutidas en las medias. Mis manos dibujan tu silueta y aprovechan para soltar el broche del liguero y empujar las medias hasta dejar tus pies desnudos, acariciando, sintiendo cada centímetro de tu piel erizada. En el viaje de regreso una mano se pierde entre tus piernas, busca el manantial que humedece tus muslos e impregnada de tu esencia la lleva hasta mis labios. Y con ese intenso sabor, mi cuerpo busca el tuyo, se acomoda contra ti, se curva y se enrosca a tu alrededor, mi boca sobre tu cuello, tus hombros, y mis brazos me abrochan a ti, una mano sobre tus pechos y la otra sobre tu pubis sellando el momento. Poco a poco, nuestras respiraciones se acompasan y al unísono van recuperando un ritmo más pausado casi invisible.
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-- Sueño de un artista --
Publicado en:2 Deciembre 2019 5:35 pm
Última actualización en:16 Deciembre 2019 3:52 am
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-- Sueño de un artista --

Sueño de un artista que abandona el lienzo sobre el caballete y dibuja del natural, sobre el propio cuerpo, extrayendo las líneas que definen la belleza, la sensualidad. Seducido por las curvilíneas cargadas de voluptuosidad, no hay lienzo en blanco pues este se completa solo, se dibujan sensaciones, deseos, sentimientos. Determinación y valor. Extasiándose con los matices de la luz reflejada sobre el cuerpo, lo recorre capturando cada giro de color, un destello de palidez, o un rosáceo oscurecido por el deseo, y las sombras que definen sus volúmenes encerrados en las curvilíneas.

Para el escultor, un mapa de infinitos relieves para capturar cada matiz con la sensibilidad del artista, que como el ciego lee con las manos y las yemas de los dedos, la belleza de cada volumen. La dibuja en su mente y memoriza cada forma, cada textura. Asiendo cada pecho es consciente de su gravidez, su tersura, hasta topar con la singular textura de los pezones erizados. Descubre la suavidad del vientre y la rotundidad de las piernas, e incluso como varía la temperatura y humedad de cada rincón del cuerpo.Encerrando una enciclopedia de la sensualidad, el erotismo innato de este cuerpo no solo se plasma en la mente del artista, sino en su propio cuerpo que se carga y se hincha de deseo.

¿Y el escribano? El escribano extasiado por la visión de belleza, sensualidad, voluptuosidad de su musa admirada, hace honor al viejo refrán y echa borrón tras borrón, mientras busca y rebusca en el diccionario de su mente palabras dignas de describirla, verbos que conjuguen con la pasión y admiración que despierta. Palabras que se ciñan precisas al destilado de seducción que encierran tan femeninas formas, y sueña con que la tipografía cursiva se haga "curvisiva" para honrar a su musa y hacerse merecedora de expresarse sobre ella.
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- Tierra prometida -
Publicado en:9 Noviembre 2019 2:54 am
Última actualización en:16 Febrero 2020 5:45 pm
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Tierra prohibida para algunos, para muchos en realidad. Tierra prometida, deseada incluso soñada, para otros a la que nunca arribarán. Y este pequeño naufrago ve sacudida su existencia con el, a la vez, pequeño e inmenso privilegio de haber sido invitado a arribar a tu puerto, a tu puerta.
De pronto mi mente racional se siente forzada, casí violentada, a creer en las casualidades, el destino o la divina providencia, pues yo que no viajaba por trabajo y me limitaba a mi repetitiva ruta en metro entre hogar y trabajo, de pronto me encontraba en tu patria en una asignación especial que me obligaba a recorrer las ciudades y puertos más importantes del país. En una de nuestras charlas te había comentado mi destino y ruta, por la coincidencia por ser tu patria, y cuando leiste el nombre de tu ciudad me interrumpiste súbitamente con un: "Ya que vas a parar por mi tierra, espero que tengas un hueco en tu agenda para tener la oportunidad de conocernos". Siempre un paso por delante, adivinadora o lectora de mentes, una vez más me dejabas sorprendido por adelantarte a mis anhelos. No te lo había dicho pero había forzado mi programa de viaje para disponer del mayor número de días posibles en tu ciudad, y así tener más opciones para cuadrar un posible encuentro y conocernos. No volvimos a hablar de ello hasta el día anterior a mi llegada a tu ciudad, cuando me escribiste para preguntarme si la tarde/noche siguiente me venía bien para encontrarnos y conocernos en persona. Una vez más por delante. Propuesta que me lleno tanto de sorpresa como de alegría y mi inmediata respuesta fue que una vez terminada mi jornada laboral estaba a tu entera disposición durante la semana que seguía, pero que tendría que ser a partir del día siguiente, pues nos habían convidado a una cena de cortesía que no podía rehusar.

Acordamos vernos al día siguente y que me enviarías un mensaje con la dirección en la que nos encontraríamos. Pensé que probablemente sería un buen restaurante de especialidades locales que tu te ibas a encargar de buscar. Terminada mi jornada, pasé por mi hotel para darme una refrescante ducha y cambiarme de ropa, y después tomé un taxi a la dirección que me habías enviado.
Al llegar me quedé extrañado porque era una zona residencial y no había rastro de ningún restaurante ni local público, y le pedí al conductor que confirmará que no había duda con la dirección. Al bajar del taxi recibí un mensaje, escueto pero claro: "La puerta azul. Está abierta. Pasa y siéntete en tu casa". Entré, cerré la puerta y avancé hasta lo que parecía ser la sala principal. Sobre una mesa encontré dos caballitos junto a una botella, dado que parecía una invitación me tomé la libertad de servir ambos para brindar cuando aparecieras, limitándome a descubrir los aromas tan variados y sutiles que desprendía el añejo recién servido, y que parecía ser un todo indicio de que aquella iba a ser una velada muy especial. Algo nervioso, esperé levantado y procuré apaciaguar mis nervios curioseando los objetos que decoraban la estancia.

Escuche el sonido de unos tacones que se acercaban, ese rumor tan inconfundible y femenino que siempre me ha seducido, y me dirijí a la mesa para ofrecerte el caballito, sin imaginar como te encontraría cuando me di la vuelta. Junto con el taconear más intenso fue emergiendo tu silueta en la penumbra de un pasillo. Al contraluz se adivinaba tu cabello que se movía acompasando el ritmo del taconeo y la sombra de tu silueta, segura de ti misma, tan femenina como la había imaginado por las fotos que compartías. Y mi natural timidez se acrecentaba y alimentaba mis nervios conforme te acercabas, en un instante que se me hizo tan infinito que hubiera dato tiempo a que el liquido de lo vasos se evaporara. Lo que nunca pude imaginar es lo que ví cuando llegaste al umbral del salón y me deslumbraste al verte bajo la luz, quedándome atónito y sin palabras. Eras una versión infinitamente mejorada, y sin censurar, de tus contribuciones en la página. Destacaban tus ojos, tu mirada, tu cara siempre oculta y los labios de un rojo intenso que hacían resaltar aún más tu sonrisa. Un collar de cuero negro con una argolla ceñía tu cuello, y tu cuerpo, del que era difícil apartar la mirada, apenas si estaba cubierto con un negligé de encaje que destacaba la voluptuosidad de tus curvas, y en ese juego de sensualidad que tanto te gustaba, dejaba entrever tus hermosos pechos que se cimbreaban libres marcando el escote o apretándose contra la tela. Por debajo, resaltaba por el color negro un liguero que sujetaba las medias que envolvían tus piernas, y una escueta braguita que abrazaba tus caderas. Y en los pies, los zapatos de tacón alto que habían anunciado tu llegada e impulsaban el contoneo de tu cadera al caminar. Por la forma en que se resaltaba tu cuerpo, tus pechos, tus caderas, vino a mi mente una de las primeras fotografías que me compartiste en la que sólo llevabas una braguita negra, y tus pechos y pezoncitos se perfilaban contra el objetivo de la cámara. Una inesperada sensualidad y voluptuosidad que me dejó sorprendido, y repentinamente sin capacidad de reaccionar.

"Te pasó algo chamaco", me dijiste riéndote de mi perplejidad, y con un tono pícaro me preguntaste "¿No te gusta?". Apenas balbuceé, y atropellando mis palabras alcance a contestarte: "Me encanta. Me fascina. Sólo que no podía imaginar que...". Me interrumpiste: "shsss". Tomaste uno de los caballitos de mi mano, lo chocaste ligeramente con el mío, y con un gesto me invitaste a que ambos lo vaciáramos de un trago. Tu visión, el tequila recorriendo mi garganta, me llenaron de calor y subían mi temperatura. Me ayudaste a quitarme el saco, y aprovechaste para desabrochar algunos botones de mi camisa. Deslizando tu mano por mi pecho me dijiste: "siempre me han gustado los hombres velludos", a lo que yo respondí, deshaciendo el único lazo que cerraba la prenda de encaje en el escote mientras decía: "A mi las mujeres curvilíneas y voluptuosas." Con un dedo me empujaste para que me dejara caer sobre un sofá, y te apartaste para rellenar los vasos, continuando con tu juego de exhibición y seducción. Te deshiciste de la prenda de encaje, y dándome la espalda, te doblaste hacía la mesa para sevir el tequila empujando las cadera hacía atrás, mostrándome y demostrándome la redondez y hermosura de tus nalgas aún mas destacada por los tirantes del ligero dibujando sendos meridianos que se alargaban en tus piernas. Yo callaba, observaba y notaba que mi excitación apenas se disimulaba bajo el pantalón.

Volviste solo con un vaso, contoneando tus caderas, frotando tus piernas entre sí, y cimbreando tus pechos. Me diste el vaso, y te agachaste exageradamente hasta que tus pechos gravitaron libres a la altura de mis ojos. Mojando tu dedo en el tequila lo frotaste por tus pezones que se erizaban al sentirse acariciar. Lo mojaste de nuevo y dibujaste un línea desde la argolla de tu collar de cuero hasta el ombligo deslizando la mano por el angosto valle entre tus pechos. Una vez más, humedecido el dedo recorrió desde tu axila hasta tu cadera dibujando tu silueta. Tus manos, tus dedos, pintaban sobre tu cuerpo como yo hubiera deseado hacerlo sintiendo la sensualidad de tu cuerpo. Sin levantarme del sofá me incorporé, me agarré a tus caderas y acerque mis labios a tu vientre que besé con ternura y pasión. Mis manos se deslizaron hasta tus nalgas, abrazaron tus muslos, y tu apretaste mi cara contra tu cuerpo, a la vez que te agachabas para enterrarla después entre tu pechos. "Devórame" dijiste a la vez que te sentabas a horcajadas sobre mi y me apretabas contra ti...
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- Sensual y seductora -
Publicado en:2 Noviembre 2019 8:06 pm
Última actualización en:29 Enero 2020 5:29 am
2409 vistas

- Sensual y seductora -

Cómo te gusta jugar a seducirme, con tu mirada, con tu sonrisa, con tus pequeños gestos, con un escorzo de tu cuerpo, con un sí es no. Y cómo me gusta que juegues conmigo. Sabes que soy presa porque me tienes cautivado, cautivo de tu juego de seducción.

Como en este momento en que has desaparecido. Habíamos quedado para tomar un café, para ponernos cara dijiste, pero en el último momento has cambiado de opinión y no has aparecido. "Cambio de planes", me anuncia tu mensaje, y acto seguido otra dirección. Te envío un mensaje al llegar, tal y como me has pedido/ordenado: "No subas sin avisar antes ", y misteriosamente me respondes muy escueta con un número de piso y puerta.

Cuando llego arriba encuentro la puerta entreabierta. Empujo tímidamente, entro y cierro sin hacer apenas ruido. El espacio está en penumbra, iluminado tan solo por un reflejo de luz bajo una puerta detrás de la que oigo la que presumo es tu voz decir con un tono pícaro: "¿Por qué no preparas una infusión de enebro y quinina?", lo que inmediatamente me recuerda una de tus fotos acompañada sólo de tu copa favorita. "Sí, claro" contesto, y casi antes de empezar a servir la copa veo tu sonrisa aparecer cuando cruzas el umbral de la puerta. "Todavía así??", me dices, mientras entras en la habitación, y entre la fascinación de tu mirada y la penumbra te voy adivinando: Tus sandalias rojas de altos tacones que acompasan un insinuante y cimbreante caminar y dejan adivinar tus uñas rojas a juego, y un ligero pareo en tonos rojos atado sobre tu pecho y que apenas llega a tus piernas. En una de tus manos vienes jugueteando con tus larguísimas perlas, y en tu cara como no podía ser de otra forma tu eterna sonrisa resaltada por un brillante rojo Piaggio. Todo ello contrasta con la palidez de tu piel que irradia la luz que se deja escapar desde la habitación contigua.

Con una mirada intensa a la par que dulce sobre mi, te acercas contoneándote mientras yo continuo preparando la copa a la vez que intento no perder detalle de tu movimiento cuasi felino, y descubro al tenerte más cerca que el pareo a duras penas puede contener tu figura, y transparenta la forma de tus pechos apretados bajo el nudo. Después te muerdes el labio inferior y bajas la mirada hacía la copa, que yo sigo con la mía para ver como mojas un dedo en la copa a medio preparar y lo llevas a tu boca, para apretarlo entre tus labios, saborearlo y chuparlo con intensidad, manteniendo en mis ojos una mirada que parece delatar tus pensamientos. Suelto la copa, y tomo tu mano para arrastrar tu dedo de tu boca a la mía. Haces un gesto de sorpresa, tomas mi mano derecha, mojas mi dedo índice en la copa y lo llevas a tu boca para sustituir el dedo perdido.

Con tu otra mano, sin soltar tus perlas que ruedan caprichosas sobre tu piel, aflojas el pareo y lo deslizas hasta descubrir tu pecho izquierdo. Y con el dedo de mi boca, empapado de mi saliva, acaricias tu pezoncito que se eriza con el juego. Después, enroscando las perlas en mi muñeca, retiras mi dedo de tu boca y arrastras mi mano que se desliza por tu cuello, por tu piel, hasta posarse sobre tu pecho izquierdo pellizcando ligeramente el pezoncito erizado entre mis dedos a lo que respondes apretando los labios y mascullando un leve gemido. Mis dedos se enfrascan en una lucha con el nudo de tu pareo, que tu aprovechas para restregar tu mano con las perlas sobre la entrepierna de mi pantalón, y mirarme mordiendo el labio al cerciorarte del efecto inmediato de tus seductores encantamientos. Cuando por fin la victoria esta de mi lado y el pareo cae a tus pies descubriendo tu cuerpo desnudo te das la vuelta. Dejas caer las perlas por tu espalda, y te diriges hacia la puerta iluminada cimbreando tus caderas al compás de tus tacones, mientras las perlas ruedan en tu espalda, y saltan sobre tus nalgas. Te detienes por un instante, te giras levemente hasta que el perfil de tu pecho se define a contraluz, y haciendo un gesto con el dedo invitándome a seguirte susurras: "Sin traje. Igualdad de condiciones" para despedirte guiñándome un ojo y tu sonrisa infinita antes de vea tu silueta perderse tras el umbral de la puerta...

En este momento sólo tengo dos opciones, terminar de preparar la copa que me había pedido mi anfitriona (tú), sentarme en el sofá a degustarla y esperar a ver que sucedía; o seguir tus instrucciones. Cómo siempre he sido buen chico y sigo teniendo espíritu de bueno opto por obedecer y comienzo a desnudarme. Voy dejando la ropa cuidadosamente doblada y colgada sobre una silla mientras agudizo el oído a ver si por el ruido consigo adivinar que puedes estar haciendo, pero apenas si se escucha un leve sonido de tu cuerpo moviéndose contra las sábanas. Una vez desnudo, en igualdad de condiciones como estabas exigiendo, camino hasta la puerta y entro en la habitación iluminada.

Apenas percibo la sombra de tu cuerpo tendido a lo largo de la cama, el contraste entre la penumbra de la sala y habitación iluminada me deslumbra y no es hasta después de unos segundos después de cruzar el umbral que mis ojos son capaces de verte con total claridad y descubrir que estás jugueteando con tus perlas sobre tus pechos y tu vientre. Sonríes, casi diría que te ríes de la mueca en mi cara luchando por que mi vista se aclare, y haces un hueco en tu cama que me invitas a ocupar golpeando suavemente con la palma de una mano un par de veces. Me acerco y mis ojos recorren tu cuerpo, se recrean en las marcas que ha dejado sobre tu piel la ropa que te has quitado antes de que yo llegara y que se amontona sobre una descalzadora. Me siento a tu lado y mis dedos comienzan a jugar recorriendo esas líneas que se van difuminado y olvidando el recuerdo del opresor: la cintura del pantalón en tu vientre, tus braguitas bajo la linea del pantalón bordeando tus nalgas, el sujetador en torno a tus pechos... Humedezco mis dedos en la copa y como si aplicara un tónico curativo recorro cada línea humedeciendo tu piel.

En su caminar mis dedos tropiezan con las perlas de tu collar, se enredan con él, y las llevan por el mismo recorrido. Las enredan alrededor de tus tetas, casi aprisionándolas, enardeciendo aún más tus pezoncitos, ya erizados por tu juego previo, sobre los que dejo gotear los dedos mojados antes de posar mis labios, mi boca, sobre ellos y agarrarme como un lechón hambriento. Sin soltar tu pecho, mojo de nuevo dos dedos en la copa y los acerco a tu labios, los humedezco, y antes de que vuelva a mojarlos en la copa los atrapas con tu boca. Siento la presión de tus labios, tu lengua jugando, la succión que los aprisiona. Mientras hemos conectado nuestros cuerpos en esta curiosa comunión, tus manos libres oprimen el pecho huérfano y buscan entre tus piernas el origen del calor que se enciende y esparce por tu cuerpo hasta sentir empaparse los dedos de la humedad que mana de tu coño excitado.

Cuando por un momento levanto la cabeza buscando tu mirada para pedirte que me dejes mojar de nuevo los dedos en la copa, siento en mis labios tus dedos húmedos. Mi mente quiere pensar que has sido tu ahora la que hacía uso de la copa, pero cuando mi lengua saborea el liquido que humedece mis labios enseguida acierta a descubrir que es el néctar de tu cuerpo lo que me ofreces, y chupo tus dedos apasionadamente hasta beber la última gota.

Me recuesto a tu lado, una mirada frente a la otra, una boca frente a la otra pidiendo a gritos unirse, y me siento que me abraza tu pierna, me arrastra hasta tí buscando que se fundan nuestros cuerpos

* * * * * * * * *

Muy lentamente me despierto, con una sensación de placidez absoluta. Con la sensación de no haber dormido tan profundamente en mucho tiempo. Descansado, relajado. Apenas empiezo a sentir mi cuerpo, mis párpados intentando abrirse, mis dedos desentumenciéndose, y siento un rayo de sol que se cuela por la ventana que empieza a calentar mi piel.

Entreabro mis ojos y un resplandor los llena de luz, cuando los abro del todo descubro tu cuerpo desnudo junto a mi irradiando cada rayo de sol que le alcanza. Todavía duermes profundamente, con una serena quietud, tus labios y tus ojos suavemente cerrados guardando tus sueños y tan solo una ligera respiración que hace vibrar muy levemente tus pechos. Y yo me aprovecho para contemplar, en mi despertar, cada detalle de tu cuerpo iluminado por los rayos del sol. Con delicadeza para no despertarte mis dedos recorrer tu piel, buscan pliegues, líneas, marcas, cualquier excusa para dibujar un camino, el valle dibujado por el escote de tus pechos, tu vientre relajado adaptándose a la postura de tu cuerpo enroscado sobre si mismo, y tu brazo descansando sobre el perfil de tu cuerpo dibujando una segunda silueta.
Y el solo sentir de tu piel hace despertar mi excitación como la tarde anterior. Y en ese despertar y toma de conciencia de mi propio cuerpo descubro como tu collar de perlas todavía esta enredado y aprisionándome, y al buscar el otro extremo veo que se pierde entre tus piernas, y nos ha unido en nuestros sueños como un cordón umbilical. Vuelvo a cerrar mis ojos para recordar como los dedos mojados en la copa se perdían en tus labios, como tu boca lleno mi boca, y mis manos se emborracharon de tu cuerpo, como me enredaste entre tus piernas, y después como amazona me venciste y subiste sobre mi para cabalgar tu victoria. Siento todavía el sabor de tus pezones en mi boca mientras domabas mi montura a tu placer, una gota de sudor que se deslizaba entre tus pechos, y la humedad entre tus piernas que lubricaba tu vaivén.

Cuando vuelvo a abrir los ojos no te encuentro y son mis oídos los que te descubren. Oigo el rumor de agua, un chapotear, y me apresuro a ir al baño a contemplarte. Entreabro la puerta y después de contemplar el esplendor de tu cuerpo, busco tu sonrisa de aprobación con mi cara de interrogación. No solo me regalas tu sonrisa, sino que con otro gesto me invitas, casi diría me obligas, a compartir el baño contigo. Me recuesto en el fondo de la bañera y tu te acomodas sobre mi. Tus pechos sobre mi pecho, tus labios frente a los míos, tu vientre sobre mi estómago. Aparece de la nada tu collar y lo enredas en torno a nuestros cuellos, y mientras nuestras bocas se van saboreando, entreabriendo tu piernas nos vamos acoplando hasta que sientes como mi polla comienza a deslizarse entre los labios de tu coñito, y mis manos aprietan tus nalgas
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...de la ducha
Publicado en:1 Noviembre 2019 6:20 pm
Última actualización en:5 Noviembre 2019 9:30 am
2291 vistas

Sales de la ducha apenas cubierta con un mínima toalla, las gotas de agua sobre tu piel, unas deslizándose suavemente, arrastrando a otras en su camino y acelerándose evitando el camino más sinuoso, otras asiéndose a tu piel como el naufrago a su tabla, compitiendo en quietud con la estrella polar.

Y apenas si cubres tus pechos delante de mi, los descubres para mí.
Un regalo para mi pasión. Y me quedo absorto contemplándote. Contemplando su deliciosa gravidez y libertad, contemplando como se aprietan el uno contra el otro marcando la sensual línea del escote que es perdición de todo el que te ve, contemplando la línea del verano, secreta, oculta, que guarda una especial palidez reservada sólo para algunos elegidos, contemplando como se arrebatan tus pezoncitos sólo por la forma en que los miro y los deseo, adelantándose al momento en que mis dedos los acaricien, y mis labios se aprieten a su alrededor.

Y todavía sin tocarlo, antes de besarlo, su dulzor ya llena mis labios, llena mi mente, eleva mi deseo y excitación, que tus ojos han notado como se hace patente bajo mi pantalón. Dejas que mis manos se deslicen bajo tu toalla y sientan tu piel cuando tiran de tu cintura para acercarte a mi. Y acercas tus pechos contra mi cara, rozas tus pezones contra mi nariz, mis labios, me inunda tu fragancia, y sin remedio nos dejamos llevar...
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- As de Picas -
Publicado en:21 Septiembre 2019 3:10 pm
Última actualización en:7 Noviembre 2019 4:53 pm
3255 vistas

- AS de Picas -

Igual que hacía tu nuevo cachorrito de gato cuando me ha visto entrar en tu casa me quedo extasiado con los ojos bien abiertos contemplándote. Deleitándome con la visión de tu cuerpo, y sueño despierto con mis dedos deslizándose por tu piel. Te tengo a mi lado tendida sobre la cama, desnuda, iluminada por la luz del día que me invita a recorrer cada detalle de tu cuerpo. Lo recorren mis manos abiertas que lo acarician y dibujan su silueta. Desde los pies suben recorriendo tus piernas y tus muslos torneándolas del tobillo hasta las ingles, y como el alfarero siente que el barro se convierte en pieza en sus manos, mis manos sienten y se adaptan al contorno cambiante percibiendo el calor cuando las dos piernas se acercan y se cierran entre sí. En su exploración, descubrimiento de tu cuerpo, mis manos se abren a las caderas y cintura, y recorren tu vientre, zigzagueado y brujuleando como un naufrago perdido, tanteando el terreno, sintiendo su suavidad, acariciándolo con ternura y pasión, bordeando el ombligo, caminando desde la frontera de tus pechos hasta el monte de venus, oteando el abismo del pubis que reservan para más adelante. Después de compartir la suavidad y el calor de tu vientre con mis labios, se antojan de tus pechos, senos, tetas, todas palabras hermosas y excitantes para nombrarlos y describirlos. Los abrazan, los aprietan entre sí, los juntan. Sienten su volumen, su peso, que se reparte entre mis manos. Se encaprichan de uno y ambas manos lo acunan y este adapta su forma a la de mis manos, se desborda, y el pezoncito caprichoso se enardece ante tanto juego de manos, y reclama el contacto de mis labios. Junto mi cuerpo al tuyo, sientes mi calor y deseo, y mientras pego mis labios al pezón que los reclamaba, una mano se ocupa del otro seno, el que quedó olvidado, y la otra te acaricia el costado, la axila, el brazo yaciente hasta alcanzar tu mano y estrecharse con tus dedos. Parece que el tiempo se detiene cuando mis sentidos se llenan de ti, el aroma de tu cuerpo, el sabor de tu pecho, la delicada textura de tu piel, y tu respiración levemente agitada e interrumpida a ratos por un casi imperceptible gemido que es lo único que llena mis oídos junto con el roce de nuestros cuerpos sobre las sábanas.

Con tu brazo libre, te estiras hasta la mesilla de noche y coges un pequeño objeto brillante que chupas y lames con el mismo interés y devoción con que yo devoro tu pezón excitado. Lo acercas hasta mi mano izquierda que acaricia tu pecho libre, me lo entregas, y a la vez que tu otra mano aprieta con complicidad mi otra mano, susurras: "Pónmelo". Nunca había tenido uno entre las manos pero reconozco el as de picas tridimensional. Mis boca se despide de tu pecho con un beso, mientras que tu levantas y encoges tus piernas abriendo el camino al explorador. Acerco primero mi cara, y me llena el aroma de tus jugos rezumando entre tus labios que no puedo evitar saborear, y aunque el as viene empapado de tu saliva lo acerco a tus labios para que se remoje y empape de tus jugos más íntimos, mientras dejas escapar un pequeño maullido de tu boca. Doblemente empapado de ti lo acerco a su destino, y al sentir el tacto por primera vez levantas y abres más tus piernas a la vez que aprietas tus labios y tus manos se agarran a tus tetas. Voy presionando poco a poco, girándolo como un pequeño torno, y dilatándote en cada giro se va abriendo paso. Te miro de reojo, y veo como aprietas con fuerza tus tetas entre tus manos, a la vez que entre leves gemidos que parecen combinar placer y dolor vas pidiendo que siga avanzando repitiendo casi entre susurros: "Más, más, sigue". Convertido por momentos en tu esclavo, obedezco y prosigo, girando y presionando a cada giro hasta que al alcanzar el diámetro máximo se escapa de mis dedos absorbido hasta quedar ajustado en tu culo, momento en que dejas escapar un gemido más profundo a la vez que tus manos dan un apretón final a tus tetas retorciendo los pezones completamente enervados.
"Nunca había hech..." empiezo a decir, cuando me callas cerrando tus piernas, tus muslos contra mi cara y me haces callar: "ssshhhhh". Cuando no se escucha más que nuestra respiración y nuestras miradas se cruzan con voz tan dulce como queda me ordenas: "Ahora cómeme", y abres de nuevo tus piernas. Por un instante me quedo absorto, arrobado contemplando esa hermosa flor que abre sus pétalos para mí, resaltando su tono encarnado sobre la palidez de tu piel, orquídea hecha carne, inflamada y empapada de un rocío que rezuma desde su interior. Mis manos acarician tus muslos, tu vientre, mientras mi boca se llena de ti, mi lengua se pierde entre tus labios, y mis labios aprietan y succionan llenándote de mil y una sensaciones que llegan a mis oídos en el reflejo de tu respiración entrecortada y los gemidos que escapan de tu boca...
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- Bob -
Publicado en:16 Septiembre 2019 11:28 am
Última actualización en:7 Noviembre 2019 4:53 pm
3240 vistas

No estaba invitado y dada la hora era todo una abuso pero ahora que ya conocía tu dirección, después de que me hubieras invitado la semana anterior, no pude evitar presentarme en tu casa aquel día después de ver la foto que habías publicado en la mañana donde se te adivinaba un nuevo corte de pelo que lucía tremendamente seductor: un bob, creí recordar que había leído alguna vez .
Eso sí, con mis modales a la antigua, me quedó la prudencia y decencia para antes de presentarme en la puerta de tu casa enviarte un mensaje con una mentira piadosa como excusa. "Hola, la casualidad me ha traído por tu barrio, y no he podido resistirme ¿Puedo pasar a verte?". Me quedé esperando tu respuesta en la esquina de la calle desde donde alcanzaba a ver una ventana iluminada que pensaba era de tu casa. Pasados unos 10 minutos me llegó tu respuesta: "¡Vaya sorpresa! Estaba tomando un baño y preparándome para dar las buenas noches. Pasa cuando quieras". "Lo que tarde en llegar a tu portal, estaba haciendo tiempo esperando tu respuesta", contesté, y en menos de 5 minutos estaba llamando a tu puerta.

Me abriste la puerta con tu eterna y cautivadora sonrisa, y después de saludarnos con dos castos besos en las mejillas me dijiste "Qué rápido has llegado. Cualquiera diría que estabas haciendo guardia en mi puerta". A lo que sonrojándome conteste con voz queda: "Casi, casi". "¿Te importa si...?", dijiste señalando el teléfono haciendo el ademán de tomarte una foto. Qué simplemente conteste con un gesto de la mano invitándote a que siguieras con tu "deber" para tus seguidores. Mientras era testigo de tu proceso creador, buscando la postura adecuada, tu mejor sonrisa, un retoque a los colores, me deleitaba contemplándote. Se te veía radiante y a la vez destilabas el frescor del cuerpo recién bañado. Tu nuevo corte de pelo despejaba tu nuca y casi parecía que estiraba tu cuello para continuar hasta Los hombros desnudos. Tu cuerpo tan sólo se cubría con un pareo corto anudado sobre el lado izquierdo del pecho que dejaba adivinar el movimiento libre de tus tetas bajo la tela, y tenía el largo justo para cubrir las nalgas y mostrar todas tus piernas.

El brazo del teléfono en alto, buscando el mejor ángulo, el otro sobre tu pecho, y desde mi ángulo se percibía la suavidad de tu piel en tu cuello, tus hombros, tu axila hasta interrumpirse por la tela roja que contrastaba con tu piel, y continuar en tus piernas. Cuando terminaste tu sesión de fotos, me miraste y sonreíste con una expresión liberadora, "misión cumplida" dijiste. Y cuando empezabas a girarte te dije, casi supliqué: "No te muevas, por favor", y fui yo quien se acerco hasta tu espalda. "Te soy sincero. No estaba aquí por casualidad". "Lo sabía" replicaste, tu siempre lo sabes pensé yo. Y continué: "He venido a verte por tu nuevo corte de pelo. Desde esta mañana no pienso en otra cosa". Puse mis manos sobre tus hombros sintiendo la suavidad y el frescor que manaban de tu piel, y acerque mi nariz y mi boca a tu cuello desnudo. "Y desde que te he visto al cruzar la puerta he confirmado que no estaba equivocado" dije antes de comenzar a besar delicadamente tu cuello. Y mientras sentías mis labios en tu cuello, en tus hombros, decidiste por los dos que seguiría después y desanudaste tu pareo dejando tu espalda desnuda frente a mí...
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